
La coordinación entre cooperantes, uno de los mandatos de la Declaración de Estocolmo, ha sido impulsada y potenciada en Honduras, en gran medida, por el trabajo sistemático del G-16.
La coordinación entre los miembros del G-16, ha logrado establecer un importante intercambio de información, promovido la complementariedad entre diversos cooperantes y ha reducido la duplicación de esfuerzos entre estos.
Un diálogo abierto, liderado por el Gobierno, con una amplia participación ciudadana, es clave para la armonización de donantes y la alineación de la cooperación internacional con las prioridades y necesidades nacionales.
Por ello, el Grupo de Seguimiento, guiado por las Memorandos de Monterrey y Marrakech, y las Declaraciones de Roma y París ha impulsado una constructiva e inédita dinámica de trabajo con el Gobierno y la Sociedad Civil en la región latinoamericana.